Me habría gustado no tener que escribir este texto, pero la realidad se impone. A veces, por mucho que uno se esfuerce e intente luchar con uñas y dientes, no siempre consigue lo que se propone.
MIGIRALUNA abrió sus puertas el 9 de junio de 2020, en medio de una pandemia que nadie olvidará, porque a todos nos arrebató algo y nos dejó cicatrices, algunas más dolorosas que otras.
A pesar de la adversidad, abrimos con una ilusión enorme. Era un proyecto muy pensado, en el que queríamos ofrecer prendas ecológicas, juguetes sostenibles y talleres creativos.
Nuestras prioridades eran aportar originalidad, variedad y, sobre todo, productos que respetasen la piel de los pequeños y el medio ambiente. Nosotros veníamos de vivir en Bruselas y nos ilusionaba poder implementar en Valladolid un comercio de barrio en el que los valores de consumo consciente y sostenible fueran el eje principal.
Han sido años muy gratificantes, porque hemos tenido la oportunidad de sentirnos parte del barrio, de dar vida a sus calles y de conocer a personas maravillosas.
Más allá de la pura transacción comercial, en MIGIRALUNA hemos vivido experiencias muy bonitas con los clientes. En muchas ocasiones, hemos disfrutado con sus alegrías y también hemos compartido algún momento triste. Ante la prisa y la impersonalidad con la que se hacen las compras online, nosotros siempre hemos querido aportar una experiencia de compra diferente, mucho más personal y auténtica, y el resultado ha sido muy enriquecedor.
Sin embargo, durante estos cuatro años, hemos ido viendo con gran tristeza cómo otros comercios locales, algunos de toda la vida y otros con más corta andadura, bajaban la persiana, dejando las calles un poco más huérfanas.
Ahora nos toca a nosotros bajarnos también de nuestro sueño y reconocer que nos han ganado la partida la moda rápida y las compras online. Para que os hagáis una idea, la facturación global de moda en el canal online se duplicó entre 2018 y 2024, y se prevé que siga creciendo anualmente casi un 10% hasta 2030.
Por otra parte, en estos años, el auge de la moda rápida, que se caracteriza por la producción masiva de ropa a bajo costo y su rápida distribución, hace que, en general, las personas den muy poco valor a la calidad de la ropa y no se pregunten por las condiciones laborales de quien confecciona esa ropa.
Se prioriza la cantidad frente a la calidad y, de esta manera, se fomenta la cultura de usar y tirar, lo que agrava aún más el problema de la contaminación. No importa que las prendas duren solo una temporada si nos han costado baratas…
Si a estos hábitos de consumo le sumamos que, en los últimos años, se han disparado los precios de los alquileres comerciales, que en muchas ocasiones suponen más del 50% de los costes fijos, el cóctel se convierte en explosivo y destructor para cualquier comercio familiar local.
Como decía, MIGIRALUNA no ha podido sobrevivir a estos hábitos de consumo en auge, pero seguimos llenos de creatividad y, por eso, nos reinventaremos para poder seguir dando vida al barrio creando cosas bonitas. Os iremos contando más cosas cuando tengamos más detalles…
Quiero terminar este texto agradeciendo a las personas que nos han apoyado con sus compras, sus palabras de ánimo y su empatía hacia nosotros. Nos lo guardamos como un gran tesoro.
Afortunadamente, hay muchas personas buscando alternativas más sostenibles y responsables, y esperamos que este movimiento siga creciendo para poder vivir de una manera más armoniosa con el medio ambiente y dar más apoyo a los comercios locales.
No debemos olvidar que el consumo consciente es la clave. Así que la próxima vez que tengas que comprar algo, ¡piensa en local! Apoya a los negocios de tu barrio y descubre todo lo que te pueden ofrecer. ¡Son pequeños gestos que suman!
Sonia

